Tilcara, corazón de la Quebrada

El respeto y vigencia de sus tradiciones ancestrales, la particularidad de los sabores de su gastronomía y la custodia de su arqueología, reflejan las raíces originarias del pueblo de Tilcara, custodiado por el cerro Negro y enclavado en la unión de los ríos Huasamayo y Grande.

En Jujuy, la ruta nacional Nº 9 hacia el norte se encara tomando mate con unas hojas de coca. A unos 20 kilómetros de la partida se comienzan a observar formaciones rocosas coloridas y únicas, como los Castillos de Huajra en Tumbaya o la Paleta del Pintor, en Maimará. La emoción crece a medida que se avanza hasta llegar a Tilcara, el pueblo que se levanta en medio de la quebrada como una apacheta en la montaña.

Infinidad de cardones centinelas protegen la villa veraniega elegida para vivir por artistas, pintores, músicos y poetas. El aire bohemio se respira en las calles, donde miles de años de cultura y de historia conviven en un ambiente noble, cargado de tranquilidad. En el mercado del pueblo los colores se mezclan con los aromas de las especias con que se elaboran los platos regionales y por su lado, el azul del cielo genera un contraste único con las construcciones de adobe.

Formar parte de una caravana de llamas desde la plaza principal hasta el ingreso al Pucará es una experiencia conmovedora. La fortaleza construida por la tribu de los tilcaras es un símbolo de resistencia que invita a sumergirse en la historia, junto al sonido del viento que acompaña el momento en la cima, desde donde se contempla una vista mágica de la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio Mundial, donde se destacan los pequeños valles paralelos al río Grande hacia el Norte y el Sur.

Tilcara es la capital arqueológica y museística de Jujuy, eso se nota a cada paso y la aventura se presenta en una caminata por los senderos de los cerros circundantes o por el cauce del río Huasamayo para encontrar un curso de agua escondido y particular, como es la Garganta del Diablo.

Con una amplia oferta de alojamientos, desde hostels y hosterías hasta cabañas y hoteles boutique, esta localidad recibe a los viajeros con su tranquilidad característica, restaurantes, bares, casas de té y peñas en cada esquina. A estas últimas vale disfrutarlas de noche, cuando las estrellas colman el cielo límpido, comiendo unas empanadas y degustando un vino jujeño de altura mientras musicaliza la velada el folklore de la provincia.

Todo el año este pueblo comparte sus encantos y cada uno puede elegir, entre la calma absoluta o experimentar el fragor de una fiesta popular. La Semana Santa es memorable con su vía crucis por las calles del pueblo, las ermitas realizadas con semillas y frutos del lugar y las bandas de sikuris. El carnaval, el Enero Tilcareño y la Fiesta de la Pachamama rescatan las costumbres ancestrales de la región. Cada día en este tesoro jujeño es único y se querrá llevar un recuerdo.

 

A Jujuy se llega en avión, al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 40 o la ruta nacional Nº 52. Luego la ruta nacional Nº 9 –totalmente asfaltada- conduce hasta Tilcara.

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