Purmamarca, tierra encantada

Con el Cerro de los Siete Colores como regalo milenario, este pueblo de la quebrada sorprende con sus artesanías, su historia y su gastronomía, entre casas de adobe, calles de tierra y noches estrelladas que emocionan.

El constante silencio de Purmamarca brinda una tranquilidad ideal para la contemplación. Pareciera que el paisaje dejó sin palabras a todos, y algo de eso hay. El Cerro de los Siete Colores, ícono del norte argentino, conecta con sus tonos escalonados a una sensación de paz que acompaña durante todo el viaje, sea en una escapada de un día o de varios, para visitar algunos lugares más.

Esta localidad –emplazada en la Quebrada de Humahuaca, Patrimonio Mundial- se jacta de tener el cabildo más pequeño del país y un algarrobo histórico de más de 600 años. Así son las cosas por el lugar, todo tiene un pasado, desde la iglesia Santa Rosa de Lima, Monumento Histórico Nacional, hasta las casas de adobe, que se funden con el paisaje.

La gente local espera con su calidez entrañable, la plaza principal aguarda con sus puestos de artesanías hechas en técnicas milenarias y las callecitas de tierra brindan una vista espectacular enmarcadas por el imponente Cerro de los Siete Colores. Es como un viaje en el tiempo, donde es posible cruzarse por la calle con un “misachico” (pequeña peregrinación) o escuchar a una dulce coplera, para después volver al presente y entrar a una tienda de diseño moderna u hospedarse en un pintoresco hotel boutique, mezcla del hoy y lo de antaño.

Las noches también son únicas en Purmamarca. Las estrellas parecen estar al alcance de las manos y se puede jugar a descubrir las constelaciones y los planetas, mientras el viento silba mensajes al oído. Durante todo el año se disfruta de senderismo, de salir de compras, o de dar una caminata por el pueblo y probar la gastronomía local. Y no faltan las fiestas populares, como el culto devoto a los difuntos, los pesebres vivientes en la época navideña, las procesiones de Semana Santa, la ceremonia en honor a la Pachamama y el carnaval. Sólo hay que mirar la agenda y elegir cuándo ceder a los encantos de esta localidad mágica. 

 

A Jujuy se llega en avión al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 40 o la ruta nacional Nº 9, totalmente asfaltada.

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