Parque Nacional Talampaya

Arte rupestre, formaciones rocosas y el imponente paisaje de un cañón conviven como huellas de un pasado lleno de esplendor que aún brilla. Descubrí su inmensidad en una escapada a este rincón riojano.

El Parque Nacional Talampaya, en Villa Unión, hace gala de haber sido declarado Patrimonio Mundial. El arte rupestre milenario de las culturas aguada y diaguitas cohabita con sierras, valles y bolsones y la conexión espiritual es inmediata al entrar en contacto con semejante inmensidad.

El contraste y la variedad de colores, la aridez del suelo, la altitud de los murallones y la fauna y flora autóctona de la zona hacen de este rincón de La Rioja un destino irresistible para los amantes de la naturaleza. Los viajeros recorren los senderos admirando los murallones y las formaciones rocosas en las que adivinan figuras y no hay cámara de fotos que logre captar tantos niveles de belleza.

Murallas imponentes compiten con el impresionante cañón y pasan todos a la final. Acceder al interior de este último y verlo desde su centro es tan impactante como asombroso al reconocer los vestigios que, explica un guardaparques, corresponden a siete períodos triásicos en su morfología. La riqueza de este parque nacional es de valor científico; especialistas se acercan a estudiar las pinturas de antaño y la existencia de la cultura precolombina de cóndorhuasi, sumada a las réplicas de dinosaurios que habitaron la región, atrae la atención de niños y adultos que llegan a este lugar en escapadas inolvidables y enriquecedoras.

Por diversos circuitos, se va explorando esta meca de la biodiversidad, que incluso cobija zonas productivas de viñedos en su área de influencia. Degustar un torrontés resulta tan placentero como oír el eco de las aves en los cañones durante una excursión nocturna bajo la luna llena, y una velada en el camping resguardada por el cielo estrellado es una aventura cargada de misterios.

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