Humahuaca, tierra heroica de la independencia argentina

Cobijada por imponentes cerros, la ciudad de Humahuaca invita a ver la historia local, mezcla de tradiciones ancestrales y celebraciones religiosas.

Por la Ruta Nacional 9, formaciones rocosas y cromáticas como Yacoraite o “Pollera Coya” dan cuenta que se trata del camino correcto. Prácticamente en el centro de la Quebrada de Humahuaca -declarada Paisaje Cultural en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO- se levanta la Ciudad Histórica de Humahuaca, cuna de hombres que lucharon y murieron durante la Guerra de la Independencia (1810-1825), en este rincón del Norte Argentino que impacta por su belleza y está resguardado por cerros que conforman una postal divina.

Pasear por la ciudad y sus alrededores es transitar por miles de años de expresiones culturales y tradiciones originarias, de costumbres, ritos ancestrales y celebraciones religiosas. Este sincretismo irresistible que se da en la capital de la Quebrada conecta a los viajeros con la historia y la naturaleza de lo que supo ser uno de los centros de comercio más importantes de los incas y del Virreinato del Río de la Plata, y que hoy cobija el Monumento a los Héroes de la Independencia, obra soñada por el escultor Ernesto Soto Avendaño.

Con amigos, en familia, en pareja o incluso solos, recorrer este pequeño mundo de angostas calles empedradas es volverse testigo de la arquitectura hispánica y cada lugar tiene algo para contar. Al mediodía, cuando los rayos de sol tiñen la vida humahuaqueña, desde el interior del reloj del Cabildo, frente a la plaza, una figura tallada de San Francisco Solano imparte su bendición. Entonces se sigue hacia la iglesia de Nuestra Señora de la Candelaria, frente a la plaza. Construida en 1641, de impoluta fachada color blanco, conserva en su interior la imagen de la patrona local que le da nombre y una serie de pinturas del siglo XVIII, herencia de la Escuela de Cusco.

Para abrir el apetito, el paseo continúa por el mercado del pueblo, donde los colores se funden con los aromas de las especias y las comidas regionales, así que habrá que parar en algún puesto para disfrutar de un almuerzo. En el Museo Folklórico Regional se alcanza un rico y complejo panorama de los usos y costumbres de la región. Y en la zona de la antigua estación de trenes hay variada oferta de alimentos autóctonos.

Ya al caer la tarde, en las puertas de las antiguas casonas comienzan a encenderse de amarillo los faroles de hierro y la luz del sol se pierde entre los cerros. Entonces la amplitud térmica se hace sentir. Por suerte: del otro lado de la estación de trenes, pueblo adentro, las casas de adobe cobijan al visitante del frío con su calidez y si hace calor, el adobe mantiene la frescura. Se dice, es un material noble y aguerrido como los humahuaqueños.

A la mañana siguiente, cuando el sonido de las bandas de sikuris se mezcle con las campanas de la iglesia o los niños copleros, nada mejor que arrancar hacia la cima del Monumento a los Héroes de la Independencia. Desde allí se aprecia una vista panorámica tan inolvidable como las majestuosas Serranías de Hornocal, a 25 kilómetros, que se pueden visitar un rato más tarde.

Si el sincretismo es el único término para definir la compleja, particular y atractiva cultura religiosa de los pueblos de la Quebrada, en esta tierra milenaria la Pachamama y el dios Sol conviven con el santoral católico y todo es una auténtica fiesta popular. Se siente en los carnavales bulliciosos, los alegres encuentros de artistas, las festivas peregrinaciones y las bandas de sikuris, todo el año.

 

A Jujuy se llega en avión al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la Ruta nacional Nº 40, la ruta ncaional Nº 34 o la nacional Nº 9, las dos últimas totalmente asfaltadas.

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