Entre quebrada y yungas: por el Qhapaq Ñan

Selva, colores guaraníes, desiertos y la puna llevan al magnífico Camino Inca, un lugar sagrado para conectarse con la naturaleza y las comunidades ancestrales.

Hay cosas que no suceden todos los días ni en cualquier lugar. Por ejemplo, atravesar dos sitios declarados Patrimonio Mundial, una Reserva de Biósfera y un Parque Nacional en el mismo viaje. Eso sucede en la provincia de Jujuy, donde la Quebrada de Humahuaca y Qhapac Ñan, las yungas y Calilegua regalan paisajes de lo más diversos inspirando a la conexión natural, la tranquilidad y la aventura.

Llegar al camino inca de Qhapac Ñan –Patrimonio Mundial que atraviesa siete provincias argentinas y seis países andinos– es emocionante y siempre un descubrimiento. En un cambio muy marcado se pasa del desierto a la selva y el valle, los lapachos enmarcan los senderos en medio de la montaña y el sonido de las aves acompaña por las mismas rutas que atravesaron comunidades ancestrales y que hoy permanecen a la vista de quienes elijan este sendero. Algunas mantienen vivo el legado de sus antepasados y lo comparten con los visitantes. Las mujeres collas realizan sus rebozos, típicos bordados de la región que se caracterizan por las flores de colores y también brillan en la comunidad las artesanías en plata.

En las zonas bajas de las yungas, grupos guaraníes conservan su lengua materna, sus celebraciones y tradiciones como el “Arete Guazú” (fiesta grande), que coincide con el carnaval. En ese momento del año, la esencia del antiguo ritual se deja ver al ritmo del pin pin y a través de máscaras; y los sonidos de los animales y los espíritus de los antepasados se fusionan en una ceremonia mágica de la que los viajeros son testigos.

El Qhapaq Ñan tiene una de las escaleras mejor conservadas en este tipo de ruinas históricas; caminar por esas huellas ancestrales es viajar al pasado y maravillarse cuando un cóndor pasa a unos metros extendiendo sus alas o cuando se siente el espíritu de los incas que pasaron por allí. En medio de la montaña, la inmensidad se nota en el silencio sólo interrumpido por el sonido del viento, que silba como un mantra.

Durante todo el año, en especial en otoño y primavera, se accede sin problemas a estos místicos parajes, ubicados en las localidades de Humahuaca, Santa Ana, Valle Colorado, Valle Grande, San Francisco y Calilegua.

En la selva, los tucanes y monos aparecen como sorpresas en medio del aroma a humedad y la flora densa llena de verdes que contrastan con las vestimentas y los rebozos guaraníes. La tierra en Valle Colorado hace honor a su nombre y del desierto se pasa a las pequeñitas casas de adobe que reciben con aroma a leño y a comida casera. En un par de días o una semana si se quieren sumar otras localidades como Caspalá, Pampichuela, Alto Calilegua o las Termas de Jordán, que llevan un día entero, se viven variedad de expresiones del hombre y la naturaleza.

 

A Jujuy se llega en avión, al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la Ruta 9,34, 40 o la 52.

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